La comunicación es la base de nuestras relaciones personales y profesionales. No importa si hablamos con un amigo, negociamos con un cliente o presentamos un proyecto: cómo nos comunicamos influye directamente en los resultados que obtenemos. Conocer los tipos de comunicación y los diferentes estilos que existen nos ayuda a elegir la mejor forma de transmitir un mensaje y, sobre todo, de asegurarnos de que llega tal y como queremos.
La comunicación es el proceso mediante el cual un emisor transmite un mensaje a un receptor a través de un canal, con un propósito concreto. En este proceso no solo intervienen las palabras, también cuenta el tono, los gestos, el contexto cultural o incluso el estado emocional de los que participan en la conversación.
Solemos pensar en la comunicación como algo externo, pero también existe la comunicación intrapersonal, que es ese diálogo interno que tenemos con nosotros mismos, donde reflexionamos, planificamos o evaluamos situaciones. Por otro lado, la comunicación interpersonal es la que se establece entre dos o más personas, de forma directa o a través de medios, y puede ser formal o informal según el contexto.
Existen varias formas de clasificar la comunicación. Veamos cuáles son las más relevantes y aplicables en diferentes ámbitos, desde lo personal hasta lo empresarial.
Utiliza palabras, ya sea de forma oral o escrita. La comunicación verbal oral es la más inmediata: conversaciones cara a cara, videollamadas, presentaciones, entrevistas… La escrita, por otro lado, es más reflexiva y permite dejar un registro, como ocurre con los correos electrónicos, los informes o los mensajes.
En una reunión de trabajo, por ejemplo, podemos utilizar la comunicación verbal oral para explicar un proyecto y complementarla con un documento escrito que recoja los puntos principales.
Todo aquello que transmitimos sin palabras: gestos, posturas, miradas, tono de voz, movimientos de manos… La comunicación no verbal puede reforzar un mensaje o contradecirlo por completo.
Si un jefe dice “confío en ti” mientras evita el contacto visual y cruza los brazos, el mensaje no verbal puede generar desconfianza. Ser conscientes de nuestro lenguaje corporal nos ayuda a ser comunicadores más efectivos. Esto es algo que se analiza mucho en la comunicación política.
Aunque es parte de la comunicación verbal, merece mención aparte. Es fundamental en entornos donde se necesita precisión, formalidad. Un contrato, un manual o un comunicado interno son algunos ejemplos claros.
Su principal ventaja es que permite revisar y estructurar la información antes de enviarla, lo que reduce errores y malentendidos.
Se apoya en imágenes, gráficos, diagramas o presentaciones para complementar y reforzar un mensaje. Es especialmente poderosa en un mundo donde lo visual capta la atención más rápido que el texto.
Por ejemplo, una presentación de ventas que combina cifras con gráficos claros y atractivos facilita que el cliente entienda y recuerde la información.
Escuchar no es lo mismo que oír. La escucha activa implica concentrarse en lo que dice el interlocutor, interpretar sus palabras y responder de forma adecuada. En el trabajo, practicarla mejora la relación con clientes, compañeros y superiores, porque demuestra interés y respeto.
Un ejemplo: en una entrevista, no basta con esperar nuestro turno para hablar; hay que captar las ideas clave del entrevistador para dar respuestas más acertadas.
La comunicación corporativa es estratégica. No solo transmite información, sino que influye en la motivación de los equipos, en la imagen de la empresa y en la relación con el cliente.
Distinguimos entre:
Un buen clima laboral requiere que la empresa cuide tanto la comunicación formal como la informal, ya que ambas impactan en la confianza y la productividad.
El contenido del mensaje es importante, pero el estilo con el que lo transmitimos marca la diferencia. Entre los estilos de comunicación más comunes encontramos:
En una negociación, por ejemplo, un estilo asertivo permite defender nuestros intereses sin dañar la relación con la otra parte.
La clave para una comunicación eficaz está en saber adaptar el tipo y el estilo al contexto:
Elegir el formato y el tono correctos mejora la comprensión y reduce errores.
Dominar los distintos tipos de comunicación y sus estilos es una habilidad esencial en cualquier ámbito. No se trata solo de hablar o escribir bien, sino de saber escuchar, interpretar y elegir el formato más eficaz para cada situación.
En un mundo tan conectado como el actual, la capacidad de comunicar de forma clara, respetuosa y adaptada al contexto no solo mejora las relaciones, sino que también abre puertas a nuevas oportunidades profesionales y personales.
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