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¿Qué es la neurogenética en la educación?

¿Qué es la neurogenética en la educación?

La neurogenética surge gracias a los descubrimientos aportados desde la biología molecular y la genética y la necesidad de comprender qué relación existe entre los genes, la conducta, el cerebro, los trastornos neurológicos y ciertas enfermedades. Esta ciencia, que comenzó poco a poco en 1960, ha llegado a nuestros días gracias a la investigación de Seymour Benzer, considerado el padre de la neurogenética.

  1. Benzer fue uno de los científicos más reputados en el ámbito de la genética comportamental. (Benzer, 1999).

Cuando inició su camino en la investigación, los genetistas creían que los genes eran unidades ensartadas en los cromosomas como si fuesen cuentas de una pulsera. Pero S. Benzer sostuvo que cada gen tenía segmentos diferenciados y que estos podían reunificarse con muchas combinaciones cuando dos individuos procreaban. Llego a probarlo científicamente. Años más tarde, se demostró que el gen consiste en múltiples pares de nucleótidos.

Su trabajo más conocido es “Cómo afectan los genes a la conducta”, en el que usó la mosca de la fruta drosophila melanogaster como prototipo. Él y sus estudiantes llegaron a aislar los genes de conducta de las moscas.

Benzer fue famoso por su frase: “Si haces preguntas estúpidas, a menudo obtienes respuestas increíbles”.

La neurogenética del comportamiento estudia los avances en neurociencia, en tecnología de biología molecular y, sobre todo, en el proyecto genoma, que ha permitido trazar el genoma completo del individuo.

La neurogenética es un campo increíble dentro de la educación, sus áreas de investigación no paran de crecer. Tratan tanto de procesos moleculares como del estudio de las proteínas, neurotransmisores y plasticidad neuronal. Como resultado de todo esto, ahora podemos llegar a tener una mayor comprensión de los trastornos neurológicos y fenotipos específicos que están directamente relacionados con la correlación directa de ciertas mutaciones genéticas.

Estudios clínicos muy recientes demuestran como niños autistas que han sido diagnosticados e intervenidos tempranamente sufren menos y aprenden mejor (Davidson, 2016) Por tanto, es clave que el entorno sea consciente de la genética del sujeto para seguir trabajando con el sometido. El aprendizaje depende mucho del entorno y de las memorias que tenemos asociadas a este desde tan solo unas horas después de nacer. Porque los primeros años del acelerado proceso de las neuronas se crean grandes cadenas de memorias de emoción, sentimiento, conocimiento, información y procesos de sinapsis en nuestro cerebro.

El medio o el contenedor donde el sujeto habita es todo. Si es estable, estimulante, protector, constructivo y asertivo, el cerebro crece con unos pilares sólidos. Pero, si el contenedor es castigador, adverso, estresante, etc., impedirá un normal desarrollo del niño.

La idea de esta unidad en neurogenética de la neuroeducación es remarcar la necesidad de detectar en el sujeto los déficits que pudiera haber y que afectaran a su proceso de aprendizaje, e intervenir cuanto antes en esas conductas para modificarlas en la medida de lo posible lo más temprano que se pueda. Un niño de cuatro o cinco años ya no es temprano. Muchas sintomatologías se expresan antes de ser detectadas, por eso es muy importante intervenir. Sabemos que existen tratamientos conductuales que permiten revertir casos graves de ansiedad, estrés, déficits de atención, hipermotilidad o autismo no severo y otros síntomas que se están investigando.

Por tanto, los déficits potenciales que la neurogenética nos apunta no tienen que ser un escollo para no tratar de rectificarlos a tiempo con tratamientos conductuales. Si un niño ha nacido con bajo peso, o antes de tiempo, puede ver afectado su rendimiento en el aprendizaje.

El cerebro guarda la información porque las hormonas salen en su ayuda, y se encargan de grabar ese hecho. De esa forma, actúan con eficientes agentes del aprendizaje. Se podrían inyectar a los alumnos unas hormonas determinadas para aprender algo, pero es tremendamente peligroso. Esas hormonas también se inyectan cuando se genera miedo.

El cerebro está filtrando todo el tiempo, nos sirve, lo vemos, lo necesitamos. Y todo ese proceso de consolidación lo realiza por la noche. Aprendemos durante el día y lo fijamos por la noche, por eso el sueño es tan importante en el aprendizaje. Un alumno que no duerme, no aprende. Mientras dormimos, consolidamos, procesamos. Si es muy fuerte, también puede hacerse durante el día, pero se necesita la noche.

Las 11 claves para captar la atención en el aula

  1. Hacer el aprendizaje muy llamativo: Llamar la atención de un alumno en el aula, especialmente si es un adolescente, es agotador. Porque son seres que están tremendamente estimulados, llenos de hormonas, con unas ganas tremendas de descubrir y explorar. Cada quince minutos el cerebro de un alumno hace introspección, revisa todos sus contenidos internos, sale al externo. Como un fiel vigilante que guarda cualquier estimulo que pueda atentar contra la supervivencia. Esto es un cerebro haciendo introspección.

La atención es cíclica, no es estable, tiene ondas. Por eso hay que rescatarlos de donde se han ido. Porque como docentes también nos estamos yendo del aula. Hacer llamativo algo, hay que rescatar permanentemente al alumno. Preguntas, visuales, auditivas…, usar todos los canales. Todo esto que estamos tratando es muy lógico, al final nuestra motivación también está regulada por nuestros miedos.

Para captar la atención en el aula necesitamos atención y motivación. La motivación es cosa del alumno. Porque el adulto no estará en casa para decirles que tienen que estudiar. Los padres trabajan y casi siempre no están, o no ponen límites. Si la motivación no es fuerte, no avanzan.

El cerebro recuerda lo que le conviene para su supervivencia, por lo tanto, hay que hacer un trabajo de plantear las cosas de manera diferente. El alumno busca motivación y nuestra pasión. Pasión que surge cuando contamos para que te sirvió estudiar neurociencias o matemáticas, entonces nos convertimos en un ejemplo motivador. Ellos comprenden que el esfuerzo tiene su premio, porque somos la prueba. Esto es importante, el docente tiene que ser una fuente de recursos vivientes, no tiene que temer usar ejemplos de su vida, que favorezcan la motivación.

  1. Involucrar el cuerpo: Los trabajos prácticos son sagrados. Nunca es tarde para jugar. Si pasa el director y nos ve jugando puede pensar qué estamos haciendo en clase. Estamos haciendo que aprenda, aunque se rían. Estarse sentado la mañana no vale de nada y es hasta cruel. Vamos a tener que jugar con el aprendizaje, jugar implica cuestionar y cuestionarse.

Al cuestionarse, hay llamada de atención e involucración, y el cuerpo responde. Eso es lo que queremos que pase. Tomar notas es sagrado, es obligatorio, no optativo, porque cerramos el circuito del cerebro: aferente, eferente, respuesta.

La concentración es más baja sentados que en movimiento, caminar hace mantener la atención. En la parte posterior del cerebro hay neuronas pequeñas que irradian a todo el cerebro hacia la medula (encéfalo). Estas activan o modulan para que te duermas. Se conectan con el oído y con este escuchamos y detectamos el equilibrio, relación de la cabeza con el cuerpo. En el momento en que el alumno está cansado, empieza a inclinarse y se acuesta. Cuando el órgano se inclina, se desconecta y duerme. Por eso, no se puede estudiar en la cama o en el sofá. Si queremos que los alumnos presten atención, tienen que moverse cuando la atención baja. Es mejor un alumno presente y estirándose que uno dormido. Por eso, es bueno caminar o estar de pie, hacer pequeños estiramientos.

El aprendizaje no es unilateral, es empático, una experiencia emocional de las neuronas espejo. En ese esfuerzo quieres triunfar, está sobreviviendo. Por ejemplo, podemos hacer que cada uno de los alumnos trabaje una parte de un tema y luego lo ensamblen conjuntamente. Cada uno ha trabajado separadamente, pero lo han hecho juntos al final. Aprenden juntos. El estudio es personal pero el aprendizaje es grupal. Somos seres sociales, pero hay que fomentarlo cuanto antes. La ciencia lo avala.

  1. El engaño de la bioquímica: Se llevó a cabo un experimento neuropedagógico en Argentina (Nottebohm, 2009). Se trataba de una escuela donde, una hora antes de iniciar la clase ordinaria, se cogió a un grupo de alumnos y se les llevó a un lugar del colegio que no conocían con una profesora que nunca habían visto, a aprender algo que nunca habían aprendido.

El primer ejercicio fue enseñar música con instrumentos autóctonos de Australia, con una profesora que era de origen africano y que no hablaba siquiera su lengua. Cuando volvieron al aula normal su rendimiento aumento el 200%.

A nivel visual, kinestésico… fue tan llamativo que generó un estado bioquímico que consiguió que la experiencia inmediatamente después fuera grabada en la memoria intensamente. Lo más interesante es que también se experimentó igual, pero haciendo la actividad llamativa una hora más tarde del aprendizaje. Es tan fantástico comprender cómo el cerebro graba el aprendizaje. Lo que hacemos inmediatamente antes e inmediatamente después condiciona la calidad de la grabación y la memoria. Así, cuando hay temas complicados, es interesante usar este tipo de métodos.

  1. Repitiendo: Está comprobado científicamente que no conviene ir por unidades, conviene partir los temas un día, dejar algo para otro día, volver a los temas iniciales. Hay que romper lo que sería la secuencia lógica lineal de aprendizaje porque el cerebro no aprende lógicamente. La repetición no secuencial. Hay que cambiar el esquema, pero está claro que conviene el espaciado y fragmentado, pues dan continuidad. Es como un tejido encadenado, mezclando y fragmentando los temas. Hay que coger las unidades y cambiar el modo en que las presentamos.

Tenemos diferentes tipos de memoria, a corto plazo (segundos o minutos, como un eco hoy) y a largo plazo (puede durar años). Pensad qué cenasteis anoche. Lo tienes que buscar en el hipocampo. Cuando el cerebro se para en una clave, la clave es siempre la misma. Si hay olvido, hay que cambiar el recorrido.

  1. Si alguien quiere aprender algo, que lo escriba: Está demostrado que todo aquello que hacemos con las manos se graba más rápida e intensamente en nuestra memoria a largo plazo. Es imprescindible realizar un trabajo con las notas del alumno. En el aula no se aprende, se entiende. Solo se aprende lo que llamó mucho la atención, salvo que involucres el cuerpo. Nosotros, que somos cerebros docentes maduros, hemos descubierto que la única memoria a largo plazo es el apunte. Por lo tanto, si no les animamos a tomar notas, estamos impidiendo que hagan abstracciones, respuestas motoras.

El cerebro hace abstracciones, entre un dibujo y un texto, la memoria genera abstracciones e inventa. Somos animales visuales, ópticos, nuestros cuadernos tienen que estar llenos de colores. Hay que decorar los apuntes, subrayar, hacer recuadros. Todo lo que se pueda transformar en mapas de conocimiento, el cerebro lo va a recordar mucho mejor.

  1. Aprendizaje basado en el desarrollo de una actividad: No se puede fijar en el cerebro si no se aprende la utilidad de lo aprendido. Hemos hablado de la plasticidad, la importancia de la supervivencia en el cerebro. Aprendemos activamente solo aquello que consideramos que nos puede servir en el futuro. Tenemos que ser lo suficientemente hábiles como para convencer al cerebro, esa clase que hoy estamos enseñando les interesa para su futuro. Una clave fundamental es que el docente lo haya experimentado en términos de supervivencia.
  2. Efecto de generación: El aprendizaje es mejor si no se da todo hecho, el alumno tiene que digerir, masticar y elaborar textos, gráficos, ejercicios, reflexiones… Porque nada que ha sido fundamental en nuestra existencia como especie ha sido grabado porque otro nos lo hayan dicho, sino porque lo hemos experimentado. Esa es la clave, generar o facilitar una parte del aprendizaje y que el alumno mastique el resto.
  3. Enseñar a enseñar: El cono del aprendizaje de Edgar Dale (1962) nos enseña, que cuando más aprendemos es cuando tenemos que enseñar a otro algo que sabemos. Aquí se llega a adquirir hasta el 90% de la capacidad del aprendizaje puro.
  4. La imagen y el color son la clave de los recuerdos en nuestra memoria: Así que ser esquemáticos, pero ponerles color a vuestros mapas mentales, es fundamental para recordar.
  5. Trabajo en grupo: La inteligencia social es la clave del desarrollo pleno de la educación. Las habilidades aprendidas se refuerzan si se trasladan a competencias prosociales.
  6. Disfrutar siendo profesor: Tenemos la increíble suerte de ser docentes, apasionados, mentores y facilitadores de aprendizaje de otros seres humanos que otro más adelante también serán mentores, profesores y docentes apasionados. Estamos ayudando a aprender, no enseñando.

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