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¿Cómo integrar la tecnología en el aula?

¿Cómo integrar la tecnología en el aula?

“La tecnología es ya imprescindible en las prácticas cotidianas del aula y en la gestión de una escuela. Dos ejemplos de la importancia de la tecnología son: One Labtop for Child, que recoge ya más de dos millones de niños aprendiendo con ordenadores, y la Fundación Khan.”

Con el tiempo, llevaremos nuestro cerebro en la muñeca del mismo modo que ya podemos conectarnos a internet con relojes digitales. Incluso tendremos dispositivos de memorias portátiles que llevaremos con nosotros.

¿Cuáles serán las implicaciones en la educación? ¿Qué harán los maestros y educadores? ¿Seremos capaces de comprar las células del cerebro, y la tecnología realmente sustituirá la enseñanza clásica? ¿Seremos capaces de crear un cerebro bomba que sea similar a las bombas de insulina que ya tenemos? Todo esto constituye la esfera de Blue Brain y forma parte de la tecnología más puntera que se está utilizando en la educación en EUA.

Puede pareceros que estamos hablando desde el túnel del tiempo, pero en realidad, solo hablamos desde Nueva York (seis horas de diferencia horaria). Aquí, muchas escuelas han asumido el reto académico que supone la implantación de las tecnologías en la vida académica.

¿Qué ocurriría si, por pasar un par de horas a la semana delante de un ordenador, las vías neuronales y las sinapsis del cerebro se fortaleciesen de modo tal que los estudiantes pudieran adelantar materias y conocimientos tanto a nivel cognitivo como académico? ¿Si os explicásemos que ese entrenamiento que el niño puede hacer solo equivaldría a reducir los cursos académicos de diez meses a cinco? ¿Qué pensaríais si os explicásemos que esas vías neuronales modifican nuestros cerebros en lo esencial, permitiéndonos resetear con mayor capacidad?

Un consultor experto nos cuenta que el Instituto Nacional de la Salud del Gobierno de los EUA ha desarrollado un programa de entrenamiento cerebral, llamado C8 Sciences, que mejora la función ejecutiva en niños de 5 a 9 años de edad, afirmando que es el programa más sofisticado en formación del cerebro que jamás hayamos visto. Lo que no es tan conocido es que ese programa es también una poderosa herramienta de evaluación y dotación a las escuelas sobre las fortalezas y debilidades cognitivas de cada niño, y que puede ayudar a directores y profesores a sacar partido de las fortalezas y trabajar con las debilidades.

Los científicos que han participado en el C8 querían evaluar si su programa de entrenamiento cerebral estaba ayudando a los niños a mejorar sus habilidades de pensamiento.

Para ello, construyeron cuatro pruebas utilizadas sobre la función ejecutiva en el programa de formación: los niños recibían automáticamente las pruebas cuando se iniciaba el programa de entrenamiento cerebral y luego las completaban. Tres de las pruebas provenían de la Caja de Herramientas de NIH, sobre una serie de ensayos seleccionados por un comité de expertos y psicólogos cognitivos. La cuarta prueba es el Go/No-Go, una prueba de inhibición de la respuesta. El grupo C8 creó varias versiones basadas en el uso de la website, de pruebas y materiales que permitían la administración rápida, fiable y libre en las aulas por primera vez.

Con los resultados de las pruebas realizadas a miles de niños en la base de datos C8, se hicieron las comparativas y las escuelas pudieron tener los porcentajes por edad y prueba de cada niño. Además, se crearon algoritmos para integrar los datos de todas las pruebas en una evaluación global.

El segundo y tercer componente de evaluación procede de la información registrada durante los mismos juegos de entrenamiento. Estos tienen cientos de niveles de dificultad, cada vez más exigentes. Al comparar el progreso que cada niño hace, podemos evaluar si este está aumentando sus fortalezas y observar cómo disminuyen sus debilidades. Esta herramienta es especialmente útil en el caso de niños con necesidades y potenciales neurodiversos.

Además, con el objetivo de mejorar continuamente los programas de entrenamiento cerebral C8, cada vez que el niño hace clic, se guardan los ejercicios de entrenamiento. Esta información se utiliza para evaluar y mejorar las características del diseño y dan una información interesante a las escuelas. Los algoritmos creados por científicos analizan los patrones de respuestas correctas e incorrectas en los programas de formación para crear un perfil en áreas de cada niño (fortalezas cognitivas y debilidades que complementan la información). Estos perfiles son similares a las evaluaciones neuropsicológicas, pero infinitamente más económicas, más rápidas y además podemos observar el proceso de evolución.

El fundador y científico Dr. Bruce Wexler (Brain and Culture: neurobiology, ideology, and social change, 2006) ve muchas aplicaciones. La más destacada es el sesgo emocional o prejuicios que los maestros tienen frente al alumno. Wexler hizo un experimento con maestros. Recogió las mejores calificaciones de una escuela y preguntó a los maestros si podían identificar los niños que tenían las mejores calificaciones. El 80% de los maestros se equivocó en la evaluación del sujeto, lo cual demuestra que el niño, cuando realiza este sistema de entrenamiento y es evaluado de manera objetiva, obtiene mejores cualificaciones.

La integración de la tecnología en el aula forma parte de las estrategias de aprendizaje de la neurociencia y es ideal para aquellos docentes familiarizados con el aprendizaje basado en proyectos.

Cómo integrar la tecnología en el aula

La tecnología es una parte fundamental de la vida de los humanos. La mayoría de los niños ya nacen conectados a ordenadores o dispositivos móviles y han visto internet antes del primer año de vida. Con los precios en caída libre de la tecnología, todos los niños están sometidos a la influencia de la tecnología. Hay una época en la cual la tecnología es fundamental, la adolescencia.

Ene Hawkins, pionero y defensor de la tecnología educativa, escribió un ensayo en 1997 llamado “Aprender y vivir” (ver web de referencia en los recursos bibliográficos), donde apuntaba una serie de emocionantes posibilidades sobre lo que la tecnología de la educación ofrecía a niños, profesores y escuelas. Aunque murió en 1999, sus ideas son fundamentales para abordar la visión pedagógica de la tecnología. Hawkins fue durante siete años director del Centro de la Infancia y la Tecnología de Nueva York, una asociación sin ánimo de lucro que se encargó de investigar el desarrollo y uso adecuado de las tecnologías en escuelas, hogares y comunidades.

Su trabajo sigue en el centro de NYC y ha sido clave en su visión inclusiva. Nuestras escuelas y hogares no han hecho más que empezar a explorar el potencial de la tecnología de la información y la comunicación. Están muy por detrás de las empresas, pero ya hay muchos ejemplos de la manera en que los diferentes medios electrónicos han cambiado la vida de estudiantes, profesores y escuelas. Uno lo puede vivir de manera dramática en tanto que siente que le quita libertad, privacidad o poder, o lo puede vivir como un modelo de ayuda y asistencia al proceso de aprendizaje.

Cada vez que un estudiante puede beneficiarse de modo inteligente del contenido que se ofrece en una herramienta potente de aprendizaje, la tecnología es buena y positiva.

Las tecnologías de las comunicaciones y los recursos multimedia pueden ser herramientas para mejorar la educación, pero no solo herramientas. Igual que un transbordador espacial o un microscopio no son solo máquinas y procesos, son también los fines para los que se han creado. Su poder solo se activa dependiendo de la atención sostenida y el tratamiento que les damos en nuestra escuela, las prácticas que se hacen en casa, en la manera en que se participa en la comunidad o cómo se reparte el tiempo y la tecnología.

Cuando un maestro pregunta: ¿un estudiante debe tener una tableta o con cuántos ordenadores debe contar una escuela? Nos centramos en una cuestión mucho más productiva.

¿Va a ayudar la tableta o el ordenador al niño en su aprendizaje para alcanzar las cuotas que se le exigirán en el mundo fuera de la escuela? El resto es un relato maravilloso sobre un tiempo que ya no vivimos. Los estudiantes están en el siglo XXI, por ello es imprescindible explorar, al menos, tres áreas claves:

  1. Cómo la tecnología interactiva puede ofrecer materiales más ricos para el aprendizaje.
  2. Cómo afecta al tiempo y la forma en que se usa en las escuelas.
  3. Cómo apoyar el desarrollo profesional continuo de los maestros.

Materiales más ricos para aprender. Las escuelas clásicas han trabajado siempre con los típicos materiales en soporte papel, bastante pobres. Estas tienen como fuente de información primaria los libros de texto y los conocimientos del profesor. Los libros por muy actualizados que estén hoy en día, siempre representan información obsoleta y poco estimulante; además, si el profesor los usa como única fuente, el estudiante se aburre muchísimo. Si es curioso e investiga, descubrirá que algunas cosas que el libro o el profesor dice tienen sus matices.

Aquí se plantea ya el primer conflicto: el profesor defiende sus fuentes y exige disciplina, el estudiante quiere explorar en otros mundos. La tecnología pone al alcance de la docencia muchísima información de fácil acceso: bibliotecas, museos, laboratorios En ciencia, por ejemplo, los estudiantes pueden ser testigos directos de descubrimientos en astrofísica o astronomía casi al minuto.

Continuación...

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