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La conducta socialmente habilidosa

La conducta socialmente habilidosa

En el mundo laboral actual el trabajador más solicitado, retenido y premiado es aquel que demuestra su madurez profesional. Madurez como sinónimo de múltiples acepciones. Este concepto entrama connotaciones complejas de las que se pretende hacer un pequeño protocolo para su comprensión.

Este tipo de profesional:

  1. Se adueña del sentido del trabajo.
  2. Es proactivo, posee capacidad de autocrítica, auto-corrección y auto-evaluación.
  3. Se guía por una visión personal del trabajo.
  4. Asume la responsabilidad, externa e internamente, por lo que le sucede en su trabajo.
  5. Busca el dominio total de su trabajo.
  6. Maneja adecuadamente las relaciones sociales y entiende la organización como un todo.
  7. Es efectivo en el trabajo en equipo.

La asertividad se establece como concepto clave del comportamiento del profesional del siglo XXI o como los medios han determinado llamar: trabajador 2.0.

Ser un trabajador 2.0 significa tener la capacidad para interactuar de forma madura y aportar al entorno:

  1. Empresa
  2. Responsable y equipo
  3. Desarrollar una conducta asertiva se torna primordial

¿Qué es y para qué sirve la asertividad?

La conducta asertiva es aquella que podría también denominarse “socialmente hábil”, dado que es uno de los métodos más eficaces a la hora de mantener relaciones interpersonales bien consolidadas. La asertividad no es un rasgo de la persona, sino que los individuos se comportan asertivamente o no en función de la asimilación de una técnica o un hábito conductual.

En los procesos de comunicación interpersonal se recurren a técnicas o modelos para favorecer el alcance y la eficacia de la misma. En el caso de la asertividad, su ausencia puede implicar graves consecuencias tanto personales como de relación: por un lado, genera altos índices de ansiedad y deterioro de la autoestima, y por otro lado, provoca desconfianzas y conflictos interpersonales.

El perfil del trabajador asertivo.

  1. El trabajador asertivo suele defenderse bien en sus relaciones interpersonales con personas de diferente estatus y jerarquía.
  2. Está satisfecho de su vida social y tiene confianza en sí mismo para cambiar cuando necesite hacerlo.
  3. Habla con fluidez y seguridad, acompañando su locución con una mirada no desafiante, pero directa.
  4. Sabe entender y visualizar los propios deseos e intereses, así como los del contexto que le rodea.
  5. Analiza sus propios intereses antes de mirar alrededor para ver lo que los demás quieren y esperan de una situación dada.
  6. Sabe expresar de manera adecuada sus sentimientos positivos, y también los negativos.
  7. Opina libremente cuando cree que debe hacerlo, eludiendo falsos prejuicios.
  8. Maneja eficazmente la expresividad no verbal durante la comunicación, adoptando una postura cómoda y relajada.
  9. Mide correctamente y respeta la distancia física o distancia social con sus interlocutores.
  10. Es capaz de decir “no” cuando es realmente lo que quiere expresar.

Sara Berbel (2001) propone la utilización de conductas asertivas y eficaces cuando se nos presentan situaciones que requieren respuestas claras y eficaces, sin vacilaciones. Aprender técnicas asertivas es un medio para reforzar la confianza en uno mismo.

Podemos agrupar las respuestas en tres modelos:

  1. Conducta pasiva. Es aquella que pone los derechos de las otras personas por delante de los propios.
  2. Conducta agresiva. Es aquella que considera que los propios derechos son lo más importante, incluso a costa de los derechos de los demás.
  3. Conducta asertiva. Es aquella en la que se defienden los propios derechos al tiempo que respetan los de los demás.

Liberarse de los mensajes de exigencia.

Una clave muy importante para incrementar el nivel de asertividad de cualquier profesional en el mundo empresarial consiste en hacer desaparecer los bloqueadores internos. Esta clave es también una herramienta del análisis transaccional, nos permite identificar los mensajes de exigencia o mandatos parentales que nos inculcaron en nuestra infancia, las figuras parentales y todos aquellos que se ocuparon de nuestra educación.

Se distinguen cinco mensajes de exigencia, estando cada uno de ellos ligado a una creencia que se ha anclado en nosotros:

  1. “Date prisa”
  2. “Sé fuerte”
  3. “Sé perfecto”
  4. “Complace”
  5. “Esfuérzate”

Derechos asertivos.

La alternativa humana, diversa de la reacción de lucha o de huida propia de los seres primitivos, consiste en nuestra gran capacidad verbal para resolver problemas, que nos permite comunicarnos con los demás para aclarar las cosas. Una parte importante de esta capacidad es nuestro comportamiento verbal asertivo: lo que hacemos cuando nos afirmamos asertivamente.

  1. Primer derecho asertivo: tenemos derecho a querer ser nosotros mismos. Tener nuestro propio comportamiento, nuestros pensamientos y nuestras emociones, y a ser responsables de ello. Somos nuestros propios jueces.
  2. Segundo derecho asertivo: tenemos derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento.
  3. Tercer derecho asertivo: tenemos derecho a asumir o revocar la responsabilidad de encontrar soluciones para los problemas de otras personas.
  4. Cuarto derecho asertivo: tenemos derecho a cambiar de opinión. Por nuestra propia salud mental debemos ser conscientes de que tenemos derecho a cambiar de parecer.
  5. Quinto derecho asertivo: tenemos derecho a equivocarnos y a ser responsables de nuestros errores. Equivocarse forma parte de la condición humana.
  6. Sexto derecho asertivo: tenemos derecho a tomar decisiones que puedan aparentemente estar alejadas de la lógica.
  7. Séptimo derecho asertivo: tenemos derecho a decir “no lo entiendo”. Nadie es tan listo y rápido de inteligencia como para poder comprender del todo la mayor parte de las cosas que nos rodean.

Comportamientos asertivos.

  1. Rehusar peticiones: Decir que no es una de las características principales que reflejan una conducta asertiva para ello no se han de dar excusas, aunque sí razones, respuestas concisas y, en el caso apropiado, proponiendo una alternativa.
  2. Responder a la crítica: otra de las claves de un comportamiento asertivo es ser conscientes de que somos imperfectos y podemos cometer errores. La forma correcta de aceptar un fallo es reconocer los aspectos reales de la crítica, sin ser defensivo o contraatacar al otro, sin aceptar por ello los aspectos exagerados o deformados que están mezclados con la crítica ajustada.
  3. Solicitar un cambio de comportamiento molesto: si algo nos parece molesto o inadecuado, podemos pedir un cambio de comportamiento en nuestro interlocutor. Para ello es necesario indicar claramente lo que deseamos con tono firme, pero no demasiado agresivo.
  4. Discrepar de los demás: es prácticamente imposible estar de acuerdo en todo momento con el equipo de trabajo del que formamos parte. No se ha de tener vergüenza en usar el pronombre “yo” y crear argumentos.
  5. Resistir la interrupción de los otros: habrá compañeros que quieran captar nuestra atención en el acto, incluso cuando estemos en mitad de una tarea compleja, o un subordinado que sin ser una cuestión importante la que tenga entre manos requiera ipso facto nuestra atención.
  6. Reconocer un error: ocultar nuestro error puede ser en ocasiones más una muestra de debilidad que una precaución. Desde luego puede hacerse de una forma digna y natural, expresando el justo desagrado por habernos equivocado, pero sin dar permiso con ello a críticas exageradas o indebidas.
  7. Admitir ignorancia: Se trata de hacer evidente -en lugar de disimular- que no conocemos o recordamos algo. Es ideal hacerlo con sinceridad, naturalidad, sin mostrar sumisión ni agresión.
  8. Acabar una interrelación: para terminar una conversación que no deseamos continuar hemos de afirmar con nuestro “derecho a elegir”, expresándonos de una forma clara pero firme.

La escucha activa.

Escuchar activamente quizá sea con toda probabilidad una de las habilidades de comunicación más importantes para desarrollar con éxito cualquier relación personal y profesional.

Hablamos de escucha activa porque escuchar es un proceso activo, y no pasivo, que exige toda la atención consciente del que escucha. Además, es necesario controlar tus propias respuestas.

Para demostrar escucha activa, se puede esbozar una ligera sonrisa, inclinar la cabeza y mantener el contacto ocular. ¡Ojo! Hay que mirar hacia la parte superior del rostro, dentro de la zona entre la parte superior de la boca y el entrecejo sin mirar fijamente a los ojos de manera continua. Es importante mantener una mirada atenta y amable.

Nuestro interlocutor puede percibir que no se escucha activamente porque tamborileemos con los dedos, le interrumpamos en su discurso y evitemos su mirada.

El proceso de escuchar activamente empieza en nosotros mismos. En nosotros está la responsabilidad y no en el otro.

¿Por qué y para qué escuchar activamente?

Es fundamental para trabajar o gestionar un equipo mantener conversaciones sin pensar en nada, aquietando la mente y con la atención puesta exclusivamente en el momento presente.

Concentrando la atención en el interlocutor disfrutando simplemente del placer de escuchar, ya que:

  1. Si escuchamos provocamos la confianza necesaria en el otro para que sea sincero y más abierto con nosotros.
  2. Generamos conversaciones más productivas.
  3. La persona que nos habla se siente valorada y apreciada.
  4. Contribuimos a eliminar los malos entendidos y las tensiones.
  5. Favorecemos una relación positiva y de respeto con nuestro interlocutor.

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