Preámbulo al teatro educativo

Preámbulo al teatro educativo

“Si con otras herramientas pedagógicas trabajamos todas las inteligencias gracias también a los contenidos que proponemos, con el teatro lo hacemos estructuralmente, por la esencia misma del mecanismo teatral.”

Preámbulo al teatro

Teatro es una palabra de origen griega, “theatrón”, literalmente “lugar para contemplar”. Esta idea evoca un lugar privilegiado donde el espectador está inmerso en una situación, un espacio y un tiempo distintos, contemplativos, en el que posiblemente sufra un proceso, una transformación.

Esta transformación es para Aristóteles la catarsis, del griego katharsís, purificación, que en su Poética define como la experiencia de la compasión y del miedo que los espectadores experimentan asistiendo a la tragedia, purificando así su alma de estas pasiones.

Siglos más tarde, Breur y Freud, iniciadores del psicoanálisis, utilizaron este concepto para describir el proceso que vive un paciente cuando toma conciencia de una situación emocional o un recuerdo conflictivo durante el tratamiento, el cual se libera del bloqueo y transforma al paciente con respecto a dicha situación o recuerdo.

Esta relación, que envuelve toda la historia de la cultura occidental, ilumina la profunda imbricación entre teatro y tratamiento, entre dramatización y salud mental.

J. L. Moreno (1889-1974) desarrolla, más allá de los límites individuales de la terapia en Freud, el concepto de psicodrama, en el cual el paciente dramatiza sus traumas para solucionarlos. “El psicodrama pone al paciente sobre un escenario, donde puede resolver sus problemas con la ayuda de unos pocos actores terapéuticos. Es tanto un método de diagnóstico como de tratamiento. (…) Históricamente el psicodrama representa el punto decisivo en el tratamiento del individuo aislado hacia el tratamiento del individuo en grupos, del tratamiento del individuo con métodos verbales hacia el tratamiento con métodos de acción”.

Nos centraremos en el teatro educativo, cuya aspiración es la sensibilización, la comunicación con el exterior (el público) y la transformación educativa de sus participantes, recordando que la experiencia interna del psicodrama como terapia está reservada a los terapeutas especializados en estas técnicas.

El teatro ha sido el arte más accesible y universal. Ha habido espectáculos para todas las clases sociales y, a menudo, su función era de denuncia, crítica o autocrítica, de alguna manera catártica. En la época contemporánea, el cine le ha arrebatado este lugar, convirtiéndolo así en la cultura occidental, en un espectáculo de élite (en términos generales, pero con sus excepciones).

Como educador y artepedagogo he propuesto y coordinado talleres de dramatización y teatro sobre todo en contextos de exclusión social, de conflicto y postconflicto, y estoy convencido de la esencia del teatro como herramienta de expresión, afirmación y transformación de catarsis. En una palabra, ha permanecido intacto como en los tiempos de las tragedias griegas de Esquilo.

El dilema trágico

La tragedia es una forma dramática, de origen griega, en la cual los protagonistas se enfrentan a los obstáculos que caracterizan la existencia; en aquellos tiempos, los dioses, el destino, las situaciones familiares o políticas...

Situamos su origen, difícil de datar, en la evolución dramatizada de los rituales sagrados religiosos y su apogeo en el siglo V a.C. en Atenas, entre las obras de Tespis y Francio, y la tríada de los grandes trágicos del clasicismo griego: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

En la época clásica, los griegos iban al teatro de una manera distinta a como lo hacemos en la época contemporánea ya que, a menudo, iban al teatro durante una fiesta religiosa y político-militar.

El sentido de esta acción era ritual, compartido, colectivo y pedagógico: se ponían en escena dramas y situaciones ejemplares que educaban a los espectadores en el sentido más estrictamente existencial.

Es evidente el riesgo de “utilizar” el arte para fines políticos o personales. Ha habido ejemplos de autores y obras (las tragedias) que son estudiadas hoy en día por ser obras maestras y cuya validez tiene que ver con su autenticidad en el retrato de la existencia humana.

Para el taller que propondremos es de interés esta vocación pedagógica de la tragedia y del teatro presentes ya desde el principio. Sin embargo, lo que más nos llama la atención y lo que nos empuja a trabajar a partir de la tragedia es el concepto de trago griego (tragedia), donde hay una situación concreta en la que alguna persona o grupo tienen que tomar una determinación. Todas las opciones son buenas, positivas y, además, incompatibles.

En el teatro, cuando no hay una forma de negociar la salida de la situación, se está frente a un hecho trágico; porque hagamos lo que hagamos, perderemos algo que apreciamos.

Este tipo de situación ha sido reelaborada por la filosofía existencialista, desde Heidegger a Sartre, como típica de la existencia humana.

Efectivamente, la situación trágica es un valioso ejemplo para los participantes en un taller de teatro porque el conflicto central es la responsabilidad trágica. Solo los humanos tienen esta libertad, completa y absoluta, para establecer el propósito de su existencia; una característica que, si por un lado ennoblece la existencia humana, por otro lado, establece el escenario para la tragedia de la responsabilidad.

La filosofía existencialista sostiene que la responsabilidad de sus propias acciones no puede sino caer exclusivamente en el hombre que ha elegido libremente para realizarlas. La conciencia trágica de la responsabilidad, para Sartre, no debe conducir a los seres humanos a cerrarse en el pesimismo y la desilusión. Por el contrario, los puede conducir a la elección y el compromiso. Esta educación en valores es uno de los ejes temáticos del taller de teatro.

Continuación...

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