By Blog de CEUPE on Jueves, 07 Mayo 2020
Category: EMPRESAS

Multitasking: qué es y cuál es su impacto en la productividad

Durante años, el multitasking se ha presentado casi como una virtud. Ser capaz de hacer varias cosas a la vez parecía sinónimo de eficiencia, rapidez y alto rendimiento. Sin embargo, cada vez más estudios y experiencias reales demuestran que esta idea tiene más de mito que de ventaja.

Hoy sabemos que el multitasking no solo no nos hace más productivos, sino que en muchos casos acaba afectando a nuestra concentración, a la calidad del trabajo y al bienestar mental.

¿Qué es el multitasking?

La palabra multitasking se utilizó por primera vez en los años 60 en el ámbito de la informática. Se refería a la capacidad de un sistema o multitasking software para gestionar varias tareas de forma aparentemente simultánea.

Si nos preguntamos qué es multitasking aplicado al ser humano, la respuesta es más sencilla de lo que parece: no hacemos varias cosas a la vez, sino que cambiamos rápidamente de una a otra.

Por eso, cuando alguien se define como persona multitasking, en realidad está describiendo una capacidad de alternar tareas, no de ejecutarlas en paralelo. Cada cambio implica un pequeño esfuerzo cognitivo que pasa desapercibido, pero que tiene consecuencias.

El precio del cambio constante

Ese ir y venir entre tareas pasa factura. Cada vez que cambiamos de actividad, el cerebro necesita un tiempo para recordar en qué estaba, qué decisiones había tomado y qué le quedaba pendiente. A esto se le conoce como cambio de contexto.

Puede parecer insignificante, pero cuando se repite decenas de veces al día, el impacto se nota. Trabajamos más despacio, cometemos más errores y acabamos la jornada con una sensación de cansancio mayor que si nos hubiéramos concentrado en una sola cosa.

En tareas donde la atención es decisiva, estas décimas de segundo pueden marcar la diferencia. El multitasking, lejos de ayudarnos, introduce ruido mental.

Desventajas del multitasking

Las desventajas del multitasking son muy evidentes:

Aunque a menudo se habla de mujeres multitasking como si fuera una cualidad natural, lo cierto es que nadie es inmune a estos efectos. El cerebro humano tiene límites, independientemente del género o del contexto profesional.


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Para recuperar la capacidad de concentración

La buena noticia es que la concentración se puede entrenar y recuperar.

Una estrategia sencilla es empezar el día por lo más importante. Planificar la jornada la noche anterior y abordar la tarea clave a primera hora reduce la carga mental y evita arrastrar preocupaciones durante horas.

Eliminar distracciones también marca la diferencia. Silenciar notificaciones, cerrar pestañas innecesarias o bloquear redes sociales durante ciertos periodos ayuda a crear espacios de trabajo más limpios y enfocados.

Pensar de forma estratégica es otro paso importante. No todo lo urgente es realmente importante. Aprender a distinguir prioridades permite concentrar la energía donde de verdad aporta valor.

Y, por supuesto, descansar. Pausas breves, técnicas como Pomodoro, ejercicio físico o simplemente dormir bien son fundamentales para que el cerebro funcione bien.

Para reducir la necesidad de realizar múltiples tareas en el trabajo

En el entorno laboral, el multitasking suele aparecer por falta de planificación. Empezar cualquier proyecto con una preparación clara evita bloqueos a mitad de camino. Tener la información necesaria desde el principio reduce la tentación de saltar de una tarea a otra sin terminar ninguna.

También es importante limitar el número de proyectos abiertos. Asumir más de lo que se puede gestionar suele generar estrés y una falsa sensación de productividad.

Desarrollar un sistema de prioridades ayuda a que cada persona del equipo tenga claro su rol y su objetivo principal en cada momento. Esto es especialmente relevante en áreas como el multitask marketing, donde las tareas se solapan con facilidad si no hay una organización clara.

Trabajar en modo multitarea puede ser necesario en algunos momentos puntuales. Pero cuando se convierte en costumbre, conviene parar y preguntarse si realmente está ayudando o si, por el contrario, está frenando el rendimiento.

Reducir el multitasking no significa hacer menos, sino hacer mejor. Y muchas veces, concentrarse en una sola cosa es el camino más rápido para avanzar.

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