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La evaluación ambiental estratégica (parte I)

La evaluación ambiental estratégica (parte I)

“El desarrollo sostenible no debe concebirse como una meta a alcanzar, sino como un conjunto de condiciones que deben ser respetadas en las decisiones sobre las transformaciones del planeta.”

Planificación: desarrollo sostenible, sostenibilidad y programas sostenibles. La integración de la evaluación ambiental. Planificación y evaluación del impacto ambiental de proyectos

La sostenibilidad está convirtiéndose en un eje primordial y en el motor de un nuevo modelo de planificación que, paulatinamente, impregna las decisiones de los gobiernos de la UE. Las políticas, los planes y los programas de los gobiernos agregan, cada vez con mayor efectividad, la prevención ambiental, la economía y el equilibrio social. Por otro lado, la sostenibilidad se presenta, además, como el hilo conductor para hacer efectiva la integración y la coordinación entre todos los sectores y escalas de planificación y programación.

En este entorno general de búsqueda de mayor sostenibilidad, la transposición de la Directiva 2001/42/CEE, de evaluación de los efectos de algunos planes y programas en relación al medio ambiente, es una oportunidad para dar un impulso definitivo al nuevo modelo de planificación hacia la sostenibilidad.

La Directiva 2001/42/CEE, aprobada el 27 de junio de 2001, llamada comúnmente como la Directiva de Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), implanta la evaluación ambiental como un instrumento clave para que la planificación y programación tengan como objetivo determinante el desarrollo sostenible.

La evaluación ambiental es una herramienta general de prevención ambiental que, hasta ahora, se ha usado preferentemente para conseguir reducir el impacto de determinados proyectos sobre el medio ambiente, en aplicación de la Directiva 85/337/CEE de EIA y de sus sucesivas modificaciones.

La Directiva 2001/42/CE (EAE) extiende el ámbito de aplicación de significación de evaluación ambiental a los planes con la seguridad de que los cambios ambientales se forman no solo a causa de la ejecución de nuevos proyectos, sino también en las decisiones previas que los regulan y posibilitan, es decir, en las fases de planificación y programación.

La diferencia principal que plantea esta ampliación consiste en que la evaluación ambiental de planes y programas debe concebirse como un proceso complejo que debe ser integrado, a su vez, en otro proceso complejo, generalmente de carácter público, que denominamos planificación.

Por ende, la evaluación ambiental de planes y programas es un trámite que auxiliará a los gobiernos a revisar si sus opciones de cambio y transformación, sus planes y programas, van en la dirección correcta de la sostenibilidad ambiental.

Cuando se quiere afrontar este reto, surgen preguntas como:

  • ¿Qué significa sostenibilidad ambiental?
  • ¿Cuándo se puede definir un plan o programa como sostenible?
  • ¿Qué es la evaluación ambiental?
  • ¿Cómo se puede integrar la evaluación ambiental en la planificación?

El desarrollo sostenible

Gran parte de los rápidos cambios ambientales que ha soportado la biosfera en las últimas décadas son el resultado del conjunto de disposiciones de planificación y programación de las actividades humanas, o de la ausencia de planificación y programación.

Estas alteraciones son muy visibles y sus efectos, a escala mundial, componen verdaderos desafíos para la comunidad científica y los gobiernos del mundo. Biodiversidad, agua, suelo, atmósfera, paisaje, salud humana e interrelación entre todos estos agentes muestran señales evidentes de los desequilibrios ambientales aunque no existan datos ciertos de la dimensión, velocidad y naturaleza de los cambios de estas tendencias a escala global.

A primeros de 1983, la ONU empezó a manifestar la inquietud sobre los problemas del cambio global y fructificó la decisión de crear una Comisión de Estudio con la función de procesar recomendaciones para una agenda global del cambio. Cuatro años más tarde, en 1987, se presentó el informe “El futuro común sobre el cambio global” (conocido como el Informe Brundtland), en que se reconocía la necesidad, así como la dificultad, de llegar en breve a un cambio en el desarrollo económico y social a corto plazo, y de lograr una concienciación rápida a nivel ciudadano sobre la nueva realidad, para hacer frente a las amenazas existentes. A partir de este momento, empezó a cobrar fuerza el concepto de desarrollo sostenible.

En la Conferencia Mundial sobre Medio ambiente y Desarrollo, en Río de Janeiro (1992), primer foro de expertos y líderes mundiales de los principales gobiernos, se planteó formalmente la interrelación entre desarrollo, recursos y medio natural; desde esa fecha, los gobiernos lo afrontan como uno de sus principales retos.

Diez años más tarde, en 2002, en Johannesburgo, se celebró la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible y fue aprobado el Plan de Actuación que incluía la Estrategia para el modelo de producción y consumo sostenibles. En Johannesburgo se determinaron, entre otras, tres acciones guía para las nuevas políticas de desarrollo sostenible en el tercer milenio:

  • El tratamiento de programas marco para modificar los modelos de desarrollo del consumo y de la producción no sostenibles.
  • La enunciación de políticas, medidas y mecanismos financieros para apoyar a los nuevos modelos de consumo y producción sostenibles.
  • La promoción y difusión de los procedimientos de EIA y del ciclo de vida de los productos, con la finalidad de incentivar aquellos más favorables para el medio ambiente.

Tras la Conferencia de Río de Janeiro se plantearon muchas definiciones de desarrollo sostenible, unas veces con una tendencia antropocéntrica y otras, con menos frecuencia, con tendencia biocéntrica. La ampliación ambiental de la teoría económica pone el acento sobre el mantenimiento del capital a largo plazo y sobre su capacidad para generar bienes. El capital a mantener comprende el capital artificial (producido por las sociedades humanas) y el capital natural. Están orientadas hacia la sostenibilidad débil las teorías que consideran capital artificial y natural perfectamente substituibles entre sí. En cambio, están orientadas a una sostenibilidad fuerte las teorías que consideran que los dos tipos de capital deben ser diferenciados y no intercambiables entre sí, y que sostienen que su mantenimiento debe afrontarse separadamente. De esta segunda visión derivan algunos criterios operativos para el avance hacia la sostenibilidad:

  • Usar recursos renovables por debajo de su tasa de regeneración.
  • Usar recursos no renovables a tasas de consumo inferiores a las tasas de desarrollo de recursos substitutivos renovables.
  • Limitar la emisión en el medio ambiente de contaminantes por debajo de la capacidad de absorción y de regeneración del medio.

Actualmente, aportaciones de la economía ecológica han colocado el acento sobre la complicación de los sistemas naturales y de su relación con los sistemas sociales, sobre la dificultad de prever los cambios en el equilibrio ecológico y de reconocer las relaciones como causa-efecto.

Avanzar hacia la sostenibilidad, en este caso, simboliza reorientar la economía, los modelos de producción y consumo en base al principio de precaución.

La sostenibilidad ambiental

El concepto de sostenibilidad envuelve tres dimensiones esenciales: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad económica y la sostenibilidad social. La sostenibilidad ambiental es solo uno de los elementos clave de la sostenibilidad. Este se considera oportuno pues, a menudo, se identifica, de forma incorrecta, sostenibilidad con sostenibilidad ambiental.

Esta incorrección puede justificarse considerando que uno de los aspectos que menos ha condicionado las decisiones y los modelos de desarrollo ha sido el ambiental.

Las relaciones entre los tres componentes de la sostenibilidad y la posibilidad de integrar los diversos sistemas de objetivos orientados a cada componente están, actualmente, en el centro de la reflexión multidisciplinar y de profundización metodológica.

Sostenibilidad ambiental

El esquema triangular sintetiza el concepto de sostenibilidad. Los tres vértices representan respectivamente la polarización de los aspectos ambientales, económicos y sociales. Los lados del triángulo representan las relaciones entre las polaridades, que pueden manifestarse como sinergias y como conflictos. El compromiso necesario entre los diferentes extremos está representado, una vez resuelto el problema de la escala de medida, por un punto en cada eje de medida. La conjugación de estos puntos da lugar a un triángulo cuya superficie puede ser definida como la habitabilidad.

Continuación...

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