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El desarrollo y funcionamiento del cerebro

El desarrollo y funcionamiento del cerebro

Enseñar neuroplasticidad a los estudiantes puede tener un impacto que transforme el aula. Una faceta fundamental de nuestro trabajo como formadores y docentes es enseñar cómo el cerebro cambia con el aprendizaje. Enseñarlo tiene un efecto positivo no solo en estudiantes, sino en las expectativas que estos tienen sobre la percepción de sus propias capacidades.

Cuando enseñamos a un alumno cómo funciona el cerebro, cambiamos también las funciones del cerebro. Pero, sobre todo, le estamos liberando de mucha carga de culpa, vergüenza y miedo. Eso es posible especialmente cuando se combina la instrucción explícita con el uso de las estrategias cognitivas y metacognitivas que guían a “aprender cómo aprender”. El uso de las estrategias que veremos en esta unidad ofrece unas ganancias inmediatas al alumno, lo que conduce a un mayor éxito académico y, como beneficio para el docente, a la disminución de problemas en el aula.

Cuando es el propio estudiante el que va cambiando su propio cerebro, el resultado es un ciclo muy poderoso y positivo. La neuroplasticidad trabaja creyendo que, para ser más inteligentes, hay que estudiar más, y no siempre es verdad. Le estamos pidiendo claramente al alumno que se comprometa, pero no solo con la enseñanza, sino con el aprendizaje que puede modificar el concepto que tienen de inteligencia.

Necesitamos cambiar nuestra perspectiva como docentes de que el alumno que no aprueba es porque necesita más estudio o no quiere estudiar. La mayoría quiere aprobar y le importan mucho sus cualificaciones.

Vamos a ver lecciones y actividades que tienen el poder de cambiar la plasticidad del cerebro, asumiendo la forma y condición que se requiera según su edad.

Una de las regiones más involucradas en este desarrollo es el lóbulo temporal izquierdo lateral, que está en la superficie del cerebro, detrás justo de la oreja. Ese lóbulo se encarga de la memoria, el lenguaje, la música, de descifrar, el equilibrio, la estabilidad, la motivación y la recuperación de la información o lectura.

Imagínate que las estimulaciones en la edad temprana puedan influir en la memoria semántica (recordar las fechas, los nombres...). El cerebro relaciona estos términos sin saber cómo, dónde o de qué manera lo hizo. Eso se denomina bits de memoria semántica. A través de aprender la palabra perro, va introduciendo informaciones en forma de árbol. Las redes neuronales se encargan de las asociaciones básicas para el aprendizaje.

Hay sociedades, como las desarrolladas, que parecen hechas para los niños. ¿Cuál es la sociedad ideal para los bebés? No sabemos qué pasa en la mente de los bebés entre uno y dos años. Damos muestras de esta ignorancia y variamos las maneras de relacionarnos con ellos: algunos creen que el llanto es bueno, otros no. Sin embargo, descubrimos muchas cosas preocupantes, como que la mejor manera de luchar contra las enfermedades mentales, delincuencia o violencia es ocuparse de los humanos desde bebés, porque la etapa de la educación temprana es fundamental en la creación del cerebro social.

Sue Gerhardt (2008) ha dedicado toda su carrera al estudio de los bebés. Ha investigado, dentro de la neurociencia, la importancia del amor y el apego como regulador de los bebés.

La mayoría de las conductas disfuncionales del adolescente o del adulto, viene de bebés de los que nadie se hizo cargo. No le damos importancia, hablamos de niños, pero no de bebés. La primera infancia es la base de la salud mental. Los primeros años son cruciales en la arquitectura del cerebro, también el periodo en el útero, que desempeña un papel fundamental. Desde el nacimiento hasta los dos primeros años, se desarrolla una serie de sistemas fundamentales en el cerebro.

Entendemos por estimulación temprana todo aquello que está incluido en el contenedor de su hogar, de su escuela, de su cultura, cuantificando la cantidad de información estimulante, así como de apoyo emocional que el sujeto recibe.

¿Cómo se desarrolla el cerebro de un bebé?

Cuando somos bebés, se desarrollan circuitos claves en el cerebro, como la regulación del estrés o la violencia. Sea lo que sea lo que suceda en los dos primeros años repercute en el adulto del futuro, dejando una marca para siempre. Todos estos aspectos suceden de modo postnatal, ni son innatos ni automáticos, sino experienciales.

La primera infancia no lo explica todo porque el cerebro no se desarrolla del todo, pero dobla su tamaño y, por tanto, todo lo que se haya grabado antes de ese gran duplicado será muy importante.

En la Universidad de Notthinghan se ha llevado a cabo un experimento que demuestra que los niños pequeños son capaces de sumar y restar, antes incluso de conocer las matemáticas o la aritmética. El experimento consistió en presentar icónicamente una serie de problemas matemáticos que se tenían que resolver visualmente simplemente señalando la solución. La realidad fue que, sin saber nada de operaciones matemáticas, tal y como se estudian en la escuela, los niños fueron capaces de realizar todas las operaciones con éxito. Resolvieron bien los problemas. Por tanto, las abstracciones simbólicas y no simbólicas son innatas en los niños. El aprendizaje matemático se podría construir en esa capacidad.

En otro estudio de Stanford, se demostró que todas las madres del mundo, independientemente de la lengua que hablen, pueden entender lo que está diciendo su hijo. Porque el lenguaje con los bebés, y hasta la de los monos Rhesus, es igual. Todas las madres tienen esa capacidad de comprender conceptos como peligro, amor, temor o conducta. Esto podría favorecer más la tolerancia social y ayudar a comprender cómo nos relacionamos realmente (Center for Infant Studies).

Para que un ser humano sea en el futuro un ser independiente, debe de haber sido dependiente, amado, cuidado y abrazado en su infancia (en el periodo de bebé). Este es el tema de la dependencia afectiva que desconocemos pero que podemos expresar muy bien con los conocimientos que ahora tenemos del cerebro.

Sabemos que con los bebés no es una ciencia exacta, depende de cada ser, y de lo que puede tolerar, pero hay que prestar atención al estrés porque, si no se hace, sea cual sea la manera en que los adultos le están cuidando, no será la apropiada para él. El problema es que, si el estrés se crucifica en semanas o meses, es muy perjudicial para un bebé. Estos no gestionan bien el estrés, no pueden sacar el cortisol. Nosotros tenemos maneras de gestionar el estrés: el fútbol, correr, un baño, una copa… diferentes maneras de calmarnos; pero los bebés no. No gestionan el cortisol y dependen de los adultos para eso. Para un bebé, estar lejos de su cuidador es estresante, porque no sabe si sobrevivirá o no. Unos minutos son años para ellos.

El dolor es necesario como experiencia, pero un dolor prolongado puede generar ansiedad y angustia. Hemos evolucionado a través de la gestión del dolor, pero ¿qué les pasa a los bebés si sufren demasiado? El dolor es un estímulo que solo existe en el cerebro. Tras la toma de conciencia del dolor, se somatiza en el cuerpo. La percepción del dolor en los bebés es un tema que no ha sido tratado en profundidad. Muchos pediatras y pedagogos pensaban que el exceso en la expresión del dolor se debía a que la red neuronal no estaba lo suficientemente madura, provocando un exceso de emociones.

Un niño puede padecer mucho simplemente porque le ponen una vacuna, y otros aguantarán muchísimo. Cada bebé tiene un umbral distinto, algunos incluso tienen un umbral del dolor superior al de un adulto. En los primeros meses, el niño es hipersensible y, por ello, el efecto del dolor debe ser más investigado. Se sabe que un exceso de dolor no gestionado puede dejar una huella muy profunda en el sistema nervioso central del bebé.

En lo que hace referencia al papel de la madre, o los docentes en relación a los bebés, todo ha cambiado. Si pensamos en lo que sabemos ahora del papel de las emociones en el cerebro, sabemos más pero todavía no se ha incorporado en la crianza ni en la educación.

¿Qué necesita el sistema educativo para cambiar en relación a los bebés?

Ayudar con estrategias nuevas al sistema resulta necesario porque, desde la revolución de la mujer, la situación ha cambiado mucho. A veces, acuden madres a mi consulta que dicen que quieren dejar a su bebé con seis meses porque han oído que su bebé necesita vida social. Lo primero que hago es dejar de lado todo lo que sé a nivel teórico y les hablo de mi experiencia como madre de cuatro hijos. Ellas creen que sus hijos necesitan estímulos, y vida social, pero los bebés no necesitan estímulos, sino atención personalizada, alguien que les ames y que les regule bien.

Con esto no quiero decir que las mujeres tengan que volver a casa, todo lo contrario, deben tener más estrategias sobre las necesidades reales de los bebés, más apoyo, redes comunitarias, activas. Es muy difícil que las personas presten atención a los bebés porque no son interesantes. Pero son inteligentes e interesantes, y cuanto más comprendemos cómo funciona el cerebro de un bebé en la primera etapa, más interesante resulta.

¿Qué pasa con las escuelas entonces? ¿Es mejor que los bebés se queden en casa con un cuidador? Es importante que los bebés tengan seguridad y autoestima para funcionar en el mundo en el futuro. Si los bebés tienen que ir a la escuela o no es otro tema. Lo que sí sabemos es que los bebés que han tenido unos vínculos afectivos seguros tienen, con posterioridad, un rendimiento increíblemente más alto en la escuela. Por tanto, el rendimiento académico del niño, adolescente y adulto está relacionado con su etapa de bebé.

Cuando él bebé se pone de pie es un logro increíble, y después llega el lenguaje. Se calcula que, cuando el niño llega a la escuela con cinco años, ya tiene en su diccionario catorce mil palabras.; pero no pronuncia catorce mil, solo ha desarrollado la conexión con esas palabras. En el Oxford Baby Lab (Inglaterra), se ha diseñado una serie de experimentos para averiguar cuándo los bebés empiezan a discriminar sonidos auditivos y visuales, a entender el significado de las palabras y a establecer correlaciones.

Los bebés de diez meses ya tienen patrones de relación muy sofisticados, pueden asociar una palabra escrita y su sonido con su correspondiente imagen. Incluso con objetos que nunca han visto. Al año de nacer, el niño puede empezar a aprender el lenguaje. Los bebés saben diferenciar entre lenguas de diferentes familias y, a los seis meses, pueden distinguirlas a nivel visual (simplemente observando los gestos de la boca y la cara de una persona). También son capaces de distinguir si les hablan en la misma lengua o en otra diferente.

Para comprender el mundo, utilizan todos los recursos cognitivos posibles. Al año, ya saben todo lo que les rodea. Por tanto, saben mucho más de lo que creemos los adultos.

¿Qué tenemos que hacer con los bebés? Además de cuidarlos y alimentarlos, el tacto es muy importante para el desarrollo, así que hay que sostener en brazos al bebé, tocarlo, proporcionarle todo lo que le genere placer. La bioquímica del placer ayuda a que se desarrollen las funciones superiores del cerebro. Cosas positivas, contacto visual, sonreír, jugar, divertirse, bañarlo, masajearlo... No solo por la gestión del estrés, sino porque ayuda a la gestión orbital del cerebro.

Muchos de los trastornos de la personalidad, por ejemplo, los trastornos obsesivos compulsivos, apuntan a la primera infancia. Quienes padecen trastorno límite de la personalidad tienen problemas graves. Al ver sus cerebros, vemos que es la respuesta al sufrimiento de estrés en la primera infancia, cortisol alto, hiperactividad de la amígdala (sistema de detección de amenazas).

¿Cómo es que nacemos tan indefensos según la neurociencia? Nueve meses es muy poco para el desarrollo pues la corteza visual no se logra hasta los tres años, por ejemplo. El parto es una experiencia muy dura para los humanos, porque toca salir tras haber disfrutado de una vida increíble dentro del útero y sufrir frío, caos y desamparo. Las dificultades para recorrer el canal de parto son muy grandes, es el precio de poder caminar erguido. Nuestras madres tuvieron que hacer cambios en sus pelvis y también en su cerebro. Todo se tuvo que adaptar, un parto doloroso que pone en peligro a la madre y al bebé. El cerebro también complica el parto. Es muy grande si lo comparamos con otras especies. El nuestro, con un kilo y medio de peso, necesita de una cabeza grande que le proteja, y así fuerza el nacimiento prematuro. Por eso, nacemos antes, pero inmaduros.

El neurólogo portugués Antonio Damasio nos propuso el término “marcador somático”. Cuando el cerebro toma decisiones, lo hace teniendo en cuenta el equilibrio emocional que afecta a todo el organismo. Todo tendrá que ajustarse en estos dos primeros años. Hay que afinar los instrumentos. Nuestros cerebros se tienen que armonizar socialmente para que podamos ser felices.

Es muy importante que nos sintamos protegidos y queridos. Es aquí cuando el cerebro escoge las emociones. De ahí dependen muchas alegrías y no pocas desgracias. La evolución nos ha dado unos instrumentos no solo para que no nos olviden, sino para que se vinculen afectivamente con nosotros. Estamos hablando del grito, el llanto, la sonrisa, el olor o la forma. El efecto no es solo psicológico, sino que las hormonas maternas inundan la sangre solo al oír a su bebé. En ratas, sabemos que hay hormonas responsables de la lactancia, la memoria espacial, el aprendizaje, etc. Por tanto, el placer que tiene la cría al mamar le ayuda luego a aprender.

Culturizar a un niño es el proceso de aprendizaje en el cual este aprende y le son transmitidos todos aquellos valores que necesitará para operar en grupo. Por ejemplo, saber sentarse, comer con cubiertos o cómo dormir.

Hace poco menos de diez años, los científicos creían que el mayor cambio del cerebro se producía en la edad temprana. Hoy sabemos que no es cierto, es en la adolescencia donde se da el mayor cambio neurológico de toda nuestra vida. (Dan Siegel en Tormenta cerebral, 2014; Davidson en El perfil emocional de tu cerebro, 2012; Goleman en Inteligencia emocional infantil y juvenil, 2009).

¿Cómo funciona el cerebro de un adolescente?

La adolescencia es quizá la época más clara. El cerebro sigue madurando, pero hay unas particularidades que alberga el cerebro del adolescente. Desde que nacemos y durante la infancia, la progresión evolutiva del cerebro es equilibrada, hasta que llegamos a los 10 años y la materia gris empieza a dispararse, haciendo millones de conexiones a toda velocidad. Es lo que se conoce en los humanos como el proceso de adolescencia, que se acabará en torno a los 24 años, cuando el neocórtex madure. Muchas conexiones serán desechadas, otras se volverán eficientes y se integrarán en la vida. ¿De qué dependen todas esas conexiones? ¿Qué relación guardan con el aprendizaje?

Gracias a la mielinización, todas esas sinaptogénesis son capaces de transmitir, recibir e informar al cerebro de qué está pasando. Los adolescentes se van capacitando mientras van experimentando, y mientras tienen que controlar sus impulsos, desarrollar hábitos y ser coherentes. ¿No será demasiado lo que tenemos que hacer a esa edad?

Un cambio muy importante del cerebro es que las conexiones neuronales entre la amígdala, el hipotálamo y el neocórtex se van densificando. La amígdala es la encargada de procesar los instintos primarios como la ira, la rabia, el miedo, la culpa, la vergüenza y la agresión. El neocórtex se vincula con la personalidad y la regulación moral de las acciones. Cuando ambas zonas del cerebro se van interconectando, alcanzamos lo que se denomina la madurez emocional.

En la adolescencia, se da un aumento significativo de la necesidad de gratificación. Una de las búsquedas más fuertes es la impulsividad, por la que pasamos a la acción sin reflexión previa.

Este aumento de la búsqueda de gratificación se da en tres áreas fundamentales:

  1. Aumento de la impulsividad.
  2. Susceptibilidad a la adicción.
  3. Hiperracionalidad.

Nuestro trabajo como docentes es tratar de compensar la báscula de la dopamina, intentando inyectar equilibrio en el contexto social y emocional a todos esos cambios. ¿Cómo vamos a poder inyectar equilibrio en medio de todos los vaivenes de la amígdala? Enseñar, por ejemplo, habilidades prosociales a los estudiantes en esta época es ideal para inyectar elementos como la intuición razonada. La intuición es muy importante en el adolescente, porque ellos sienten que tienen que hacer algo y lo hacen, lo que llamamos “seguir la intuición”.

Muchos adolescentes son demasiados racionales y necesitan un poco de irracionalidad, otros son poco racionales y necesitan un poco de racionalidad. El adolescente tiene que aprender a vivir desde ese punto de vista. No reprimir sus impulsos, propios de la dopamina, pero aprender a proponerse objetivos positivos de equilibrio que le hagan positivizar su comportamiento valeroso.

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